Nono Maldonado: el orden de las formas

Desde muy joven, y a través de los años, siempre me ha fascinado el diseño de las cosas, la belleza de las formas y lo estético como punto de partida. Esta busqueda de lo estético y de la perfección en lo imperfecto, que obviamente es imposible de lograr, lo debo en gran parte a mis padres, y luego más tarde a muchas amistades y otras gentes que durante el camino enriquecieron mi vida y refinaron mi observación. Es una observación silente y de introspección secreta que se archiva para la futura creación espontánea de un vestido, de una mesa, de un salón... una observación que prolonga el esfuerzo creativo de la vida. 

Mis dos universidades, Fordham y la del mundo y la calle de los años 60 y 70 de la ciudad de New York, dieron forma al camino a seguir. Era el momento de la nueva moda con nuevos diseñadores, de un renacer de ideas, una nueva era de movimientos desafiantes y de unos placeres incontrolables saturados de belleza, locura y fantasía. Fueron esos años los que marcaron el futuro y establecieron el rumbo de la moda actual. Fueron esos años entrañables los que con su gran influencia me devolvieron, en 1976, a continuar mi trabajo en Puerto Rico y a desarrollar y desplegar a Nono Maldonado hasta el momento presente.

Agradezco a la Universidad Ana G. Méndez por iniciar y presentar, y a la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, por aceptar el proyecto de la exhibición de la trayectoria y retrospectiva de Nono Maldonado: El orden de las formas. 

Nono Maldonado