Orlando Vallejo es uno de esos singulares contemporáneos que saben destilar el acarreo de la historia y la tradición y el oficio y, a su vez, encarnar el espíritu de una renovación en que lo arquetípico se enriquece, al paso del tiempo, con nuevos matices y registros. La clave que hay tras la obra del artista y su latido es la intensidad.